El proyecto y la historia
Los que viven en el mundo, en la historia, atados al «presente momento histórico», peloteados por las olas en la superficie del mar donde se agitan naufragio, éstos no creen que en las tempestades y los cataclismos seguidos de calmas, éstos creen que puede interrumpirse y reanudarse la vida. Se ha hablado mucho de una reanudación de la historia de España, y lo que la reanudó en parte fué que la historia brota de la no historia, que las olas son olas del mar quieto y eterno. No fué la restauración de 1875 lo que reanudó la historia de España, fueron los millones de hombres que siguieron haciendo lo mismo que antes, aquellos millones para los cuales fué el mismo el sol después que antes del 29 de Setiembre de 1868, las mismas sus labores, los mismos los cantares con que siguieron el surco de la arada. Y no reanudaron en realidad nada, porque nada se había roto. Una ola no es otra agua que otra, es la misma ondulación que corre por el mismo mar. ¡Grande enseñanza la del 68! Los que viven en la historia se hacen sordos al silencio. Vamos á ver, ¿cuántos gritaron en 68? ¿A cuántos les renovó la vida aquel «destruir en medio del estruendo lo existente», como decía Prim? Lo repitió más de una vez: «¡Destruir en medio del estruendo los obstáculos!» Aquel bullanguero llevaba en el alma el amor al ruido de la historia; pero si se oyó el ruido es porque callaba la inmensa mayoría de los españoles, se oyó el estruendo de aquella tempestad de verano sobre el silencio augusto del mar eterno."
"Las olas de la historia, con su rumor y su espuma que reverbera al sol, ruedan
sobre un mar continuo, hondo, inmensamente más hondo que la capa que ondula,
sobre un mar silencioso y á cuyo último fondo nunca llega el sol. Todo lo que
cuentan á diario los periódicos, la historia toda del «presente momento
histórico», no es sino la superficie del mar, una superficie que se hiela y
cristaliza en los libros y registros, y una vez cristalizada así, una capa
dura, no mayor con respecto á la vida intra-histórica que esta pobre corteza en
que vivimos con relación al inmenso foco ardiente que lleva dentro. Los
periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin
historia que á todas horas del día y en todos los países del globo se levantan
á una orden del sol y van á sus campos á proseguir la oscura y silenciosa labor
cotidiana y eterna, esa labor que como la de las madréporas suboceánicas, echa
las bases sobre que se alzan los islotes de la historia. Sobre el silencio
augusto, decía, se apoya y vive el sonido; sobre la inmensa humanidad
silenciosa se levantan los que meten bulla en la historia. Esa vida intra-histórica,
silenciosa y continua como el fondo vivo del mar, es la sustancia del progreso,
la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentira que se
suele ir á buscar al pasado enterrado en libros y papeles y monumentos y
piedras.
Los que viven en el mundo, en la historia, atados al «presente momento histórico», peloteados por las olas en la superficie del mar donde se agitan naufragio, éstos no creen que en las tempestades y los cataclismos seguidos de calmas, éstos creen que puede interrumpirse y reanudarse la vida. Se ha hablado mucho de una reanudación de la historia de España, y lo que la reanudó en parte fué que la historia brota de la no historia, que las olas son olas del mar quieto y eterno. No fué la restauración de 1875 lo que reanudó la historia de España, fueron los millones de hombres que siguieron haciendo lo mismo que antes, aquellos millones para los cuales fué el mismo el sol después que antes del 29 de Setiembre de 1868, las mismas sus labores, los mismos los cantares con que siguieron el surco de la arada. Y no reanudaron en realidad nada, porque nada se había roto. Una ola no es otra agua que otra, es la misma ondulación que corre por el mismo mar. ¡Grande enseñanza la del 68! Los que viven en la historia se hacen sordos al silencio. Vamos á ver, ¿cuántos gritaron en 68? ¿A cuántos les renovó la vida aquel «destruir en medio del estruendo lo existente», como decía Prim? Lo repitió más de una vez: «¡Destruir en medio del estruendo los obstáculos!» Aquel bullanguero llevaba en el alma el amor al ruido de la historia; pero si se oyó el ruido es porque callaba la inmensa mayoría de los españoles, se oyó el estruendo de aquella tempestad de verano sobre el silencio augusto del mar eterno."
Unamuno. En torno al casticismo.
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